Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como ficción

El éxito

Como cada verano, Esperanza tenía que ir a casa de su abuela por las mañanas a echarle una mano con las tareas. Disfrutaba muchísimo con ella y no le importaba llegar más tarde a la piscina, donde la esperaban sus amigas del instituto. Aquél día, mientras regresaban de la compra su abuela le preguntó si ya sabía qué quería estudiar después del instituto... - Espe, ya sólo te queda un curso para terminar el instituto. ¿ya sabes qué vas a hacer después? ¿estudiarás una carrera, FP,...? ¿te pondrás a trabajar? ¿de año sabático con una ONG?... - No abuela, no quiero seguir estudiando, ni trabajar ni ayudar a nadie que no sea yo misma. Seré una cantante de éxito como las que salen en la tele, en el programa "Misión Canción". Yo pienso ser una persona de éxito y no como la gente fracasada de este pueblo. Que no hacen nada con sus monótonas vidas. Quiero poder comprarme ropa bonita, un buen móvil último modelo, una televisión grande, vivir en el centro de una gran ciudad en un ...

Voyeur

Cuando decidió irse a vivir del pueblo a la gran ciudad estaba a punto de descubrirse. Su obsesión iba a más y ya no podía controlarse. Debía hacerlo cada noche, no importaba a quien - hombre o mujer - siempre que hiciera algo interesante, algo nuevo e inesperado, lo de siempre ya le aburría. Necesitaba estímulos nuevos, caras nuevas, cuerpos nuevos en nuevas casas y en nuevos cuartos. La gran ciudad le brindaba esa oportunidad, miles de personas bajo su lente. Todos ellos desconocidos para los que su presencia era invisible e inexistente. Por supuesto, se compró un ático, de esos que parecen una casita ajardinada en lo alto de un edificio muy alto. Tenía vistas a todas partes: al parque de enfrente, a los bloques de apartamentos que había detrás -y estaban plagados de gente, gente desconocida e interesante -, a las oficinas que se encontraban a la izquierda de su bloque y, el más interesante de todos, al Gran Hotel Central. Los hoteles le gustaban, cosas interesantes pasaban en los...

La cúpula 82 (III)

Exactamente a las 5 en punto de la mañana una sirena empezó a vociferar a intervalos regulares, con esa voz metálica e insoportable, acompañada de una luz parpadeante. Eso indicaba el comienzo de la jornada. En exactamente una hora tenía que estar aseada, dejar el cuarto impecable, con el uniforme puesto y la mochila lista; para tomar el desayuno mientras su superior les indicaba las órdenes u objetivos del día. Como era nueva la dejaron en el nivel superior, clasificando y catalogando. A aquel sitio había que ir aclimatándose poco a poco. En la parte más profunda hacía tanto calor, debido a la radiactividad, que incluso con los super-trajes de protección (cedidos por el ejercito) no aguantaban más de 2 horas. Aún así debía ponerse un traje de protección básico, hasta el aire de ese lugar es tóxico y, no digamos, cualquier objeto que se encuentre allí. Tras recibir las órdenes de la jornada, se dirigió hacia la zona del transporte: un tren-ascensor que les bajaba hasta la inhóspita ...

La navidad de 2006

Para muchas personas, la navidad de 2006 fue una como otra cualquiera: compras, comidas y cenas, borracheras, petardos, regalos, etc. Pero para Coral fue algo distinto. Eran sus primeras navidades libre, sí, libre. Tras 5 años de infierno, la viudedad le sentaba muy bien. Su difunto marido, militar de profesión, había sido el único novio que había tenido, como las buenas chicas. Se casaron en cuanto ella terminó en el instituto, con 18 años, él ya tenía 21 y era soldado desde hacía 2. Le quería tanto, desde que se conocieron, cuando Coral entró en el instituto con 16 años y él era uno de los veteranos repetidores de último curso. Aquellos dos primeros años fueron un sueño, la típica relación idílica de serie adolescente de institutos americanos. Pero todo cambió, murió más bien, el día que se casaron. La felicidad infinita dio paso al horror en la noche de bodas. Cuando todo el mundo se fue y ellos se quedaron solos, Alberto la cogió y le dijo: - Ahora eres mía, para siempre, y deb...

El descubrimiento

Richard cruzó la calle sin mirar siquiera, iba corriendo tan deprisa que ni miraba por donde. Lo primordial era esconderse bien y rápido. Ya había visto a aquel hombre en tres ocasiones y aquello no podía ser casualidad, no en su trabajo. Ser espía empresarial era un trabajo de riesgo, propio de la Guerra Fría. No eran pocos los conocidos del mundillo que habían "desaparecido". Aquello le tenía paranoico. Su aspecto, por lo menos, era el típico de persona normal que no recuerdas ni haberte cruzado por la calle al segundo de haberlo hecho. Y eso era una enorme ventaja. El tipo que le perseguía, en cambio, era visible en la distancia: un tipo enorme del norte, rubio y musculoso. Estaba seguro que iba a por él, el secreto que había descubierto en aquella farmacéutica era demasiado grande como para ser el único tras la información que él había robado. Cuando llevaba cinco minutos corriendo llegó a su destino, el piso franco de la zona oeste de la ciudad. Allí tenía una mochila...

La cúpula 82 (II)

Partir hacia nueva vida, ese siempre fue su sueño. No le gustaba demasiado el sector 27, dedicado a la educación y a los niños. Sólo había aguantado por sus méritos, aunque reconoce que se les coge cariño a esos cabroncetes con los años. Su nuevo destino, el sector 12, era un centro arqueológico de nivel 5, con excavaciones en yacimientos no anteriores a la Gran Guerra Nuclear del 2198. Todo allí abajo, porque tenían que meterse muy hondo en la tierra, era fascinante y, a la vez, peligroso. Una vez, un compañero, anterior a su llegada, estaba en el antiguo centro de investigaciones médicas y se contagió de una enfermedad desconocida. Afortunadamente ahora disponían de nanobots superavanzados que podían curar cualquier enfermedad, realizando análisis en el propio cuerpo y actuando en consecuencia. Ella iba ese mismo centro y le daba miedo, aunque desde entonces se contaban con medidas de seguridad muy estrictas para evitar que se repitiera la experiencia. Según llegó, su superior le d...

La cúpula 82 (I)

Por fin había terminado el día. Siempre es duro despedirse, aunque sea inevitable la separación, pero los niños son así. Llevaba con ellos desde que tenían 3 años; edad en la que se formaban los primeros grupos de estudio. Le daba pena, porque al volver, sus alumnos ya no estarían; a los 12 años de edad empezaba la especialización, es decir, iban a diferentes centros según sus habilidades. Los más dotados intelectualmente irían al Instituto de Estudios Avanzados, donde estudiarían ciencias teóricas y aplicadas: medicina, ingeniería, biología, etc. Algunos privilegiados podrían estudiar psicología y otras ciencias sociales, solo permitidas a unos pocos intelectuales de más alto rango. El arte estaba prohibido, fuera de lo que El Concejo aprobara, y cualquier expresión artística no autorizada estaba castigada. El resto serán mandados al Instituto de Capacitación Profesional y formarán el engranaje que hace que funcione esta colonia: cocineros, agricultores, limpiadores, mantenimiento ...

La habitación de los espejos

Por fin llegó el día en el que Carlos y Estrella se mudarían a su nueva casa. Y menuda casa, un palacete en medio de una finca de olivos inmensa. Construida en el siglo XVIII, hacía más de 50 años que nadie la compraba o vivía allí. No comprendían el por qué, aquella inmensa casa era preciosa, espaciosa y con mucha luz. Y qué decir del paisaje circundante... un inmenso olivar, tan solo cortado por el único camino de entrada. La reforma había durado más de lo esperado, casi un año. Resulta que una casa de esas características hay que hacer restauraciones de todo lo que es la fachada y eso es un trabajo delicado que lleva su tiempo. Cambiar por completo las instalaciones de electricidad y agua fue pan comido, en comparación. Los primeros días todo fue un abrir cajas y clasificar pertenencias. Casi sin tiempo para explorar su propia casa. Por fin, tras una semana se habilitar las estancias que iban a ser ocupadas de forma inmediata y continuada, se pusieron a explorar las "otras ...