El descubrimiento
Richard cruzó la calle sin mirar siquiera, iba corriendo tan deprisa que ni miraba por donde. Lo primordial era esconderse bien y rápido. Ya había visto a aquel hombre en tres ocasiones y aquello no podía ser casualidad, no en su trabajo. Ser espía empresarial era un trabajo de riesgo, propio de la Guerra Fría. No eran pocos los conocidos del mundillo que habían "desaparecido". Aquello le tenía paranoico. Su aspecto, por lo menos, era el típico de persona normal que no recuerdas ni haberte cruzado por la calle al segundo de haberlo hecho. Y eso era una enorme ventaja. El tipo que le perseguía, en cambio, era visible en la distancia: un tipo enorme del norte, rubio y musculoso. Estaba seguro que iba a por él, el secreto que había descubierto en aquella farmacéutica era demasiado grande como para ser el único tras la información que él había robado. Cuando llevaba cinco minutos corriendo llegó a su destino, el piso franco de la zona oeste de la ciudad. Allí tenía una mochila...