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Mostrando las entradas etiquetadas como suspense

Voyeur

Cuando decidió irse a vivir del pueblo a la gran ciudad estaba a punto de descubrirse. Su obsesión iba a más y ya no podía controlarse. Debía hacerlo cada noche, no importaba a quien - hombre o mujer - siempre que hiciera algo interesante, algo nuevo e inesperado, lo de siempre ya le aburría. Necesitaba estímulos nuevos, caras nuevas, cuerpos nuevos en nuevas casas y en nuevos cuartos. La gran ciudad le brindaba esa oportunidad, miles de personas bajo su lente. Todos ellos desconocidos para los que su presencia era invisible e inexistente. Por supuesto, se compró un ático, de esos que parecen una casita ajardinada en lo alto de un edificio muy alto. Tenía vistas a todas partes: al parque de enfrente, a los bloques de apartamentos que había detrás -y estaban plagados de gente, gente desconocida e interesante -, a las oficinas que se encontraban a la izquierda de su bloque y, el más interesante de todos, al Gran Hotel Central. Los hoteles le gustaban, cosas interesantes pasaban en los...

El niño que no existía (1º parte)

Eran las 17:08 de un miércoles cualquiera de julio cuando, a pesar del calor intenso y sofocante, la pequeña Elisa decidió salir a explorar por el campo cercano a su casa, del pequeñísimo pueblo donde pasaban los veranos. No conocían a muchas personas todavía, ya que apenas hacía tres años que sus padres compraron aquella casa y, únicamente, iban unas semanas en verano. El primer año, recuerda, que no pudieron estar más de dos días, la casa estaba mucho peor que lo que había dicho la señora de la inmobiliaria y hubo que hacerle muchas reformas hasta hacerla habitable. Era una casa pequeña, de tan sólo dos habitaciones, una salita-comedor, una cocina y un baño completo, pero tenía un enorme patio, con un  muro alto y gris lleno de macetas colgadas, que daba directo al campo por una puerta trasera de chapa, pintada de blanco brillante. Allí salió, en silencio, mientras sus padres dormían una siesta. Era todo tan hermoso: el cielo azul intenso, los árboles, la hierba, el viejo camino...

La cúpula 82 (III)

Exactamente a las 5 en punto de la mañana una sirena empezó a vociferar a intervalos regulares, con esa voz metálica e insoportable, acompañada de una luz parpadeante. Eso indicaba el comienzo de la jornada. En exactamente una hora tenía que estar aseada, dejar el cuarto impecable, con el uniforme puesto y la mochila lista; para tomar el desayuno mientras su superior les indicaba las órdenes u objetivos del día. Como era nueva la dejaron en el nivel superior, clasificando y catalogando. A aquel sitio había que ir aclimatándose poco a poco. En la parte más profunda hacía tanto calor, debido a la radiactividad, que incluso con los super-trajes de protección (cedidos por el ejercito) no aguantaban más de 2 horas. Aún así debía ponerse un traje de protección básico, hasta el aire de ese lugar es tóxico y, no digamos, cualquier objeto que se encuentre allí. Tras recibir las órdenes de la jornada, se dirigió hacia la zona del transporte: un tren-ascensor que les bajaba hasta la inhóspita ...

El secreto de la bibliotecaria

Entre libros viejos y polvo pasaban los años. La vida de una bibliotecaria era así de simple. Catalogar, comprobar el estado de los ejemplares, mandar silencio,... Lo mejor era poder libros a los que nadie tenía acceso, esos libros raros, ejemplares únicos, descatalogados, algunos muy antiguos, cargados de sabiduría ancestral e historias olvidadas hace siglos. Entre ellos había un tomo al que ella le tenía especial cariño. Era de los pocos ejemplares que quedaban de él: " El libro del caballero Zifar ", escrito en el siglo XIV. Un día lo encontró por casualidad, escondido tras una estantería del sótano. No aparecía en el catálogo oficial. Nadie sabía que estaba allí, salvo ella. Era su pequeño secreto, una obra de arte sin precio, que ella disfrutaba en privado en el sótano de su vieja biblioteca.

El descubrimiento

Richard cruzó la calle sin mirar siquiera, iba corriendo tan deprisa que ni miraba por donde. Lo primordial era esconderse bien y rápido. Ya había visto a aquel hombre en tres ocasiones y aquello no podía ser casualidad, no en su trabajo. Ser espía empresarial era un trabajo de riesgo, propio de la Guerra Fría. No eran pocos los conocidos del mundillo que habían "desaparecido". Aquello le tenía paranoico. Su aspecto, por lo menos, era el típico de persona normal que no recuerdas ni haberte cruzado por la calle al segundo de haberlo hecho. Y eso era una enorme ventaja. El tipo que le perseguía, en cambio, era visible en la distancia: un tipo enorme del norte, rubio y musculoso. Estaba seguro que iba a por él, el secreto que había descubierto en aquella farmacéutica era demasiado grande como para ser el único tras la información que él había robado. Cuando llevaba cinco minutos corriendo llegó a su destino, el piso franco de la zona oeste de la ciudad. Allí tenía una mochila...

La habitación de los espejos

Por fin llegó el día en el que Carlos y Estrella se mudarían a su nueva casa. Y menuda casa, un palacete en medio de una finca de olivos inmensa. Construida en el siglo XVIII, hacía más de 50 años que nadie la compraba o vivía allí. No comprendían el por qué, aquella inmensa casa era preciosa, espaciosa y con mucha luz. Y qué decir del paisaje circundante... un inmenso olivar, tan solo cortado por el único camino de entrada. La reforma había durado más de lo esperado, casi un año. Resulta que una casa de esas características hay que hacer restauraciones de todo lo que es la fachada y eso es un trabajo delicado que lleva su tiempo. Cambiar por completo las instalaciones de electricidad y agua fue pan comido, en comparación. Los primeros días todo fue un abrir cajas y clasificar pertenencias. Casi sin tiempo para explorar su propia casa. Por fin, tras una semana se habilitar las estancias que iban a ser ocupadas de forma inmediata y continuada, se pusieron a explorar las "otras ...