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Sola

Sola en la quietud de mi cama, deseando...               que me ates a tu pecho...                     que me desnudes el alma...                           que me ames las entrañas. Sola. Soñando despierta.  En la oscuridad.

Voyeur

Cuando decidió irse a vivir del pueblo a la gran ciudad estaba a punto de descubrirse. Su obsesión iba a más y ya no podía controlarse. Debía hacerlo cada noche, no importaba a quien - hombre o mujer - siempre que hiciera algo interesante, algo nuevo e inesperado, lo de siempre ya le aburría. Necesitaba estímulos nuevos, caras nuevas, cuerpos nuevos en nuevas casas y en nuevos cuartos. La gran ciudad le brindaba esa oportunidad, miles de personas bajo su lente. Todos ellos desconocidos para los que su presencia era invisible e inexistente. Por supuesto, se compró un ático, de esos que parecen una casita ajardinada en lo alto de un edificio muy alto. Tenía vistas a todas partes: al parque de enfrente, a los bloques de apartamentos que había detrás -y estaban plagados de gente, gente desconocida e interesante -, a las oficinas que se encontraban a la izquierda de su bloque y, el más interesante de todos, al Gran Hotel Central. Los hoteles le gustaban, cosas interesantes pasaban en los...

El niño que no existía (2º parte)

El verano terminó y la pequeña Elisa tuvo que volver a la ciudad, al pequeño apartamento en el que vivían, al colegio, a las clases de inglés y de música, a la rutina. A la típica vida de niña de ciudad de clase media-alta. Más llena de comodidades que de otra cosa. Mientras, Dani se quedaría en ese pueblito llevando una vida dura y salvaje, en la que básicamente, estaba sólo siempre en el campo rodeado de animales o de los extraños que pasaban por allí. Aquellos extraños siempre le enseñaban cosas, algunas buena otras malas y otras peores, pero él siempre escuchaba atento. Había aprendido pronto, que algunos de estos personajes podían ser violentos si no se era obediente. Una vez, cuando tenía 5 años, un señor, al que llamaban “ Cabrero ” pasó allí unos días y le enseñó a cazar conejos con cepo. Se tiró tres días llorando, al llegar al primer cepo, el conejo aún no había muerto y le obligaron a hacerlo. Al negarse, “ Cabrero ” le dio dos tortas en la cara, le dijo que era un...

Si lo hubiera sabido antes...

Si lo hubiera sabido antes... ... me habría dejado llevar por mi instinto, aquel que me decía que huyera de ti como si fueras un apestado.  Si lo hubiera sabido antes... ... habría pasado de la presión social que me decía que para ser alguien, siendo mujer, tenía que tener un hombre encima mía, dirigiendo mi vida. Si lo hubiera sabido antes... ... no te habría dejado influir en mi manera de vestir, de pensar o de ser, hasta que me anulaste y me hiciste una muñeca vacía. Si lo hubiera sabido antes... ... no te habría dejado cambiar mi cuerpo, cebándome para que otros no me miraran, salvo por asco. Si lo hubiera sabido antes... ... no habría soportado tus desaires, celos, malos modos o insultos velados. Si lo hubiera sabido antes... ... no te habría perdonado aquel primer empujón. Si lo hubiera sabido antes... ... ahora estaría viva. Información: Presentado al tema de la semana, en el Grupo de Escritura Creativa Cuatro Hojas de Facebook.

El niño que no existía (1º parte)

Eran las 17:08 de un miércoles cualquiera de julio cuando, a pesar del calor intenso y sofocante, la pequeña Elisa decidió salir a explorar por el campo cercano a su casa, del pequeñísimo pueblo donde pasaban los veranos. No conocían a muchas personas todavía, ya que apenas hacía tres años que sus padres compraron aquella casa y, únicamente, iban unas semanas en verano. El primer año, recuerda, que no pudieron estar más de dos días, la casa estaba mucho peor que lo que había dicho la señora de la inmobiliaria y hubo que hacerle muchas reformas hasta hacerla habitable. Era una casa pequeña, de tan sólo dos habitaciones, una salita-comedor, una cocina y un baño completo, pero tenía un enorme patio, con un  muro alto y gris lleno de macetas colgadas, que daba directo al campo por una puerta trasera de chapa, pintada de blanco brillante. Allí salió, en silencio, mientras sus padres dormían una siesta. Era todo tan hermoso: el cielo azul intenso, los árboles, la hierba, el viejo camino...