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Si lo hubiera sabido antes...

Si lo hubiera sabido antes... ... me habría dejado llevar por mi instinto, aquel que me decía que huyera de ti como si fueras un apestado.  Si lo hubiera sabido antes... ... habría pasado de la presión social que me decía que para ser alguien, siendo mujer, tenía que tener un hombre encima mía, dirigiendo mi vida. Si lo hubiera sabido antes... ... no te habría dejado influir en mi manera de vestir, de pensar o de ser, hasta que me anulaste y me hiciste una muñeca vacía. Si lo hubiera sabido antes... ... no te habría dejado cambiar mi cuerpo, cebándome para que otros no me miraran, salvo por asco. Si lo hubiera sabido antes... ... no habría soportado tus desaires, celos, malos modos o insultos velados. Si lo hubiera sabido antes... ... no te habría perdonado aquel primer empujón. Si lo hubiera sabido antes... ... ahora estaría viva. Información: Presentado al tema de la semana, en el Grupo de Escritura Creativa Cuatro Hojas de Facebook.

El niño que no existía (1º parte)

Eran las 17:08 de un miércoles cualquiera de julio cuando, a pesar del calor intenso y sofocante, la pequeña Elisa decidió salir a explorar por el campo cercano a su casa, del pequeñísimo pueblo donde pasaban los veranos. No conocían a muchas personas todavía, ya que apenas hacía tres años que sus padres compraron aquella casa y, únicamente, iban unas semanas en verano. El primer año, recuerda, que no pudieron estar más de dos días, la casa estaba mucho peor que lo que había dicho la señora de la inmobiliaria y hubo que hacerle muchas reformas hasta hacerla habitable. Era una casa pequeña, de tan sólo dos habitaciones, una salita-comedor, una cocina y un baño completo, pero tenía un enorme patio, con un  muro alto y gris lleno de macetas colgadas, que daba directo al campo por una puerta trasera de chapa, pintada de blanco brillante. Allí salió, en silencio, mientras sus padres dormían una siesta. Era todo tan hermoso: el cielo azul intenso, los árboles, la hierba, el viejo camino...

La cúpula 82 (III)

Exactamente a las 5 en punto de la mañana una sirena empezó a vociferar a intervalos regulares, con esa voz metálica e insoportable, acompañada de una luz parpadeante. Eso indicaba el comienzo de la jornada. En exactamente una hora tenía que estar aseada, dejar el cuarto impecable, con el uniforme puesto y la mochila lista; para tomar el desayuno mientras su superior les indicaba las órdenes u objetivos del día. Como era nueva la dejaron en el nivel superior, clasificando y catalogando. A aquel sitio había que ir aclimatándose poco a poco. En la parte más profunda hacía tanto calor, debido a la radiactividad, que incluso con los super-trajes de protección (cedidos por el ejercito) no aguantaban más de 2 horas. Aún así debía ponerse un traje de protección básico, hasta el aire de ese lugar es tóxico y, no digamos, cualquier objeto que se encuentre allí. Tras recibir las órdenes de la jornada, se dirigió hacia la zona del transporte: un tren-ascensor que les bajaba hasta la inhóspita ...

El secreto de la bibliotecaria

Entre libros viejos y polvo pasaban los años. La vida de una bibliotecaria era así de simple. Catalogar, comprobar el estado de los ejemplares, mandar silencio,... Lo mejor era poder libros a los que nadie tenía acceso, esos libros raros, ejemplares únicos, descatalogados, algunos muy antiguos, cargados de sabiduría ancestral e historias olvidadas hace siglos. Entre ellos había un tomo al que ella le tenía especial cariño. Era de los pocos ejemplares que quedaban de él: " El libro del caballero Zifar ", escrito en el siglo XIV. Un día lo encontró por casualidad, escondido tras una estantería del sótano. No aparecía en el catálogo oficial. Nadie sabía que estaba allí, salvo ella. Era su pequeño secreto, una obra de arte sin precio, que ella disfrutaba en privado en el sótano de su vieja biblioteca.

Cuatro gatos

Cuatro gatos, jóvenes y felices, en un patio; se vuelven locos al ritmo de un reel. Corren sin dirección, sin chocarse con nada, volando a ras del suelo, sobre las sillas, el árbol, los setos. Miran a los músicos a través del inmenso ventanal por una fracción de segundo. Vuelven a sus andanzas, sus luchas fingidas, sus ratones invisibles, los pájaros fantasmales que sólo ellos pueden ver. Puro libre albedrío en forma de belleza felina. Información: Publicado en la VII convocatoria de microrrelatos de temática libre "Pluma, tinta y papel" de Diversidad Literaria .